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El poder del consumo

La España política, poco tiene que ver son la España social. La calle vocea con claridad, pero los políticos se enfangan en sus propias elucubraciones, que no atienden lo demandado por el público.

Así sin la necesaria sintonía es difícil encauzar las necesidades de la sociedad y esa falta de comunicacion del pueblo y los políticos, nos deja a la deriva y la marea no nos quiere mover del sitio (con lo poco que rema M. Rajoy), confirma lo indicado la actitud de los políticos europeos y estadounidenses, que queramos o no, hasta que la masa se cabree otro poco, es la que marca la pauta política de España y del mundo, para nuestra desgracia.

Si la masa social sigue moviéndose en idéntico sentido, reclamará el perdido estado del bienestar, la libertad de expresión y opinión (que hoy defiende un tribunal europeo en sentencia) y ha de encontrar el altavoz político que la atienda.

Por otra parte aún no somos conscientes de nuestro poder, por el miedo que nos inculcan. Cuando podamos comprender que la fuerza está en los 40 millones de consumidores y no en el IBEX 35, comenzará a mejorar nuestra situación económica y político social, esto quizás catapulte el altavoz político que nos atienda convenientemente. Pero como el #8M que no deja de ser un embrión, una semilla, que debe ser atendida exhaustivamente, el conocimiento de la fuerza del consumidor debe ser educada y canalizada con valores éticos y morales, lejos de la mercantilización social impuesta por el neoliberalismo economico imperante y que sufrimos, en precarización del estado del bienestar.

Tenemos el problema en que mundialmente estamos dirigidos por una ambiciosa y egoista oligarquía que para existir precisa de consumidores/trabajadores dúctiles y maleables e ignorantes de su poder como cultos consumidores.

Gilipollas en activo

Las personas que entrevistó Jordi Évole en Salvados, responden a la actual situación socio-laboral de la forma: “Esto es lo que hay“; “No tenemos futuro“; “Mi sueldo será siempre una mierda“. Es decir, responden sin esperanza alguna, aceptan esta crítica situación, esta explotación y opresión de forma natural, como si no hubiera otra posibilidad. Esta actitud puede considerarse la actitud de la mayoría de los españoles, que nadie en política intenta modificar.

Nos están dejando al albur de la política gubernamental, política neoliberal que precisa para su realización masas de dóciles y temerosos trabajadores. Sino como se explica que habiendo aumentado el PIB los últimos años, éste no repercuta sobre los trabajadores, solo en las empresas y no en las pequeñas precisamente.

Claro está que a ello contribuyen, además de TVE, RNE, la prensa escrita y parte de la digital, mareando la perdiz con sus desinformaciones, de todos conocidas (Nacionalismo de bandera en la ventana, catalanismo radical, fútbol, mucho fútbol y otras estupideces varias, para ocultar la corrupción) y hasta muchos de los, muy de moda, coach o entrenadores de la vida o para buscar trabajo, que coadyuvan a que cada persona acepte esta anormal por crítica, situación, como si fuera lo único existente, sin otra posibilidad que siendo cada uno diferente, tontería porque ya lo somos, y preparando así domesticados buscadores de empleo, dóciles y manejables por el miedo al paro.mileurista

Se oye muy de vez en cuando y en los medios menos importantes que lo importante es la corrupción, la libertad de expresión, la perversión del poder judicial y la destrucción de la sociedad del bienestar, cargándose para ello la imprescindible EDUCACIÓN, cada vez con menos presupuesto, para formar incultos y por ende manejables ciudadanos y la necesaria SANIDAD, deteriorándola suficientemente para que en breve se pueda, más que vender, regalar a manos privadas y en un cercano futuro, se cure quien tenga suficiente dinero.

Es palmario que leído lo anterior significa que, como pueblo, los españoles somos gilipollas en activo y yo el primero. Nos estamos dejando engañar por nuestros dirigentes políticos y económicos, que nos quieren míseros, dóciles y maleables para adaptarnos a su infinita codicia. Y a todo esto la izquierda ¿dónde está?

Un futuro sin pasado

De cartas al director del diario La Nueva España.

12 de Marzo del 2017 – Sheila González Pérez (Ibias)

 

Escribo esta carta para compartir con todos los lectores de este periódico mi situación: tengo 15 años y tengo que dejar mi municipio, mi colegio, mi casa, mi habitación y a mi familia; dentro de poco estaré toda la semana sola sin que nadie me pregunte qué tal el día, cómo estoy; sin nadie que me abrace o me arrope cuando esté mal, que me mire la fiebre o que se preocupe por mí.

Vivimos en una sociedad en la que los adolescentes nos queremos hacer mayores, ser independientes, o eso decimos. Pero, sinceramente, ¿quién quiere irse de casa a los 15 o 16 años? Vale, llegan los fines de semana y vuelves a casa, pero no es lo mismo, no sé si me entendéis. Porque es muy duro estar a dos horas y cuarenta cinco minutos de casa, como será mi caso, y sólo poder hablar con tus padres por teléfono y esperar a que pasen las horas para que llegue el viernes, y rezar para que el tiempo se detenga y no vuelva a llegar el domingo. Toda la vida esperando a que llegue el verano, pero ahora es distinto, porque sabes que el verano se acabará y ahí llegará ese odiado momento, un momento inevitable, y dicen que necesario para construirnos a nosotros y nuestro futuro, el momento de irse.

Un futuro que nos obliga a dejar nuestro pasado.


Creo que Sheila tiene razón, en el S. XIX no debería ser necesario para adquirir una adecuada educación, abandonar la familia antes que uno lo desee, pero los medios que pone la Administración para la educación, son los que son y estos son los que votan una mayoría, que permite esta y otras tropelías.

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